Un mensaje para los que sufren (1 de 6).

Photo by Arina Krasnikova on Pexels.com

Si has sufrido o estás sufriendo, este mensaje es para ti.

Tal vez estás llorando por el secuestro y desaparición de un ser amado. Tal vez estás muy enfermo y no te alcanza el dinero para pagar el tratamiento médico. O bien, deseas conocer a tu padre que lleva años trabajando en E.U.A., ya que no puede venir a verte porque trabaja como ilegal. Alguien malvado te quitó violentamente lo que con tanto esfuerzo adquiriste, y no hay quien te haga justicia.

Tal vez abusaron sexualmente de ti cuando eras pequeño(a). Estás soportando en secreto algún tipo de violencia doméstica y no se lo puedes contar a nadie. O bien, tuviste que huir de tu país por la violencia que existe en tu comunidad. También puede ser que cargas en tu conciencia una culpa por algo malo que hiciste. Si estás sufriendo estas cosas, algo parecido o peor, quiero decirte que te comprendo.

Yo he sufrido como tú.

Nací en la pobreza y crecí en un hogar disfuncional. Vivimos como ilegales algunos años en E.U.A. Cuando regresamos a México a veces no teníamos qué comer porque mi papá no encontraba trabajo. Después, mi papá nos abandonó a mis pequeños hermanos y a mí para formar otra familia. Durante mucho tiempo usé los mismos zapatos con hoyos en la suela porque no tenía dinero para comprarme otros.

De pequeños, nuestro retrete era alguna parte del campo. En cierta ocasión, cuando yo tenía como nueve años, le pregunté a mi mamá que dónde estaba el papel higiénico para hacer mis necesidades fisiológicas en el cerro. Ella me contestó diciendo que usara una pequeña piedra, o bien una hoja de alguna planta porque no había dinero para comprar papel higiénico para limpiarme. ¡Afortunadamente no escogí una planta que provocara comezón!

Varias personas han traicionado mi amistad, y yo también he ofendido a otras. Debo admitir que he sufrido porque he hecho cosas indebidas. Me he equivocado y he pagado las consecuencias.

¿Te das cuenta de que soy como tú?

Tal vez hayas sufrido o estés sufriendo mucho más de lo que yo he sufrido. Entiendo que siempre habrá alguien a quien le ha ido peor que a ti y a mí. Por ejemplo, conozco a un amigo a quien su madre lo abandonó recién nacido debajo de un árbol para que muriera. Afortunadamente alguien escuchó su llanto y lo recogió.

Pero, dentro de todos estos vaivenes de esta vida, siempre ha existido alguien que me ha sostenido y animado a seguir adelante. Nunca me ha abandonado a pesar de lo terrible de mis acciones. Al contrario, me ama tal y como soy. Sin reservas. Me ha tenido mucha paciencia. Ha limpiado mis lágrimas para que logre ver las cosas buenas de esta vida. Me aconseja y me perdona. Ha caminado conmigo en los momentos más oscuros de mi existencia. Sé que has oído de él y deseo recordarte lo mucho que te ama. Su nombre es: Jesús.

Jesús es como tú y yo. Él nos puede comprender perfectamente porque sufrió mucho más que todos nosotros. Llegando incluso al punto de entregar su vida para salvar a los que sufren.

A lo largo de estas secciones de este blog deseo compartir contigo un poco de las muchas cosas que Él puede hacer hoy para aliviar nuestros dolores. Te invito a que sigas leyendo y descubras cómo es que Cristo puede, no solo comprenderte, sino ayudarte a salir adelante.

Antes de concluir esta sección, quiero recordarte lo que dice el Evangelio de Lucas acerca de Jesús en Lc. 4:16-21. En dicho pasaje escritural se hace referencia a Is. 61, demostrando así que el reino de Dios había sido inaugurado. Dice así:

“Jesús fue a Nazaret, donde se había criado, y en el día de reposo entró en la sinagoga, como era su costumbre, y se levantó a leer las Escrituras. Se le dio el libro del profeta Isaías, y al abrirlo encontró el texto que dice: «El Espíritu del Señor está sobre mí. Me ha ungido para proclamar buenas noticias a los pobres; me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos, a dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos y a proclamar el año de la buena voluntad del Señor.» Enrolló luego el libro, se lo dio al asistente, y se sentó. Todos en la sinagoga lo miraban fijamente. Entonces él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de ustedes.»”.

Jesucristo nunca dijo que no vamos a llorar, pero sí prometió llorar con nosotros (Jn. 11:35).

Autor: Freddy Pérez, Teólogo misionero 

Referencias bibliográficas: 

Reina Valera Contemporánea 1960. 2012. Brasil: Sociedades Bíblicas Unidas. 

Deja un comentario