
¿Alguna vez has sentido que nadie te comprende? Muchas veces yo me he sentido así, pero luego recuerdo que Jesús sí puede comprenderme.
Seguramente te preguntarás: ¿Cómo es posible que un judío del siglo I que vivió en Palestina puede comprenderme hoy? Recuerda, el sufrimiento ha estado presente desde el inicio de la historia del hombre y no respeta culturas, posición social, edades ni épocas. De hecho, Cristo vivió en un mundo mucho más cruel, violento, corrompido e injusto que el de hoy. Así que, el Señor puede comprendernos.
Cristo no fue ajeno a las necesidades de las personas. Fue sensible con aquellos que sufrían en todos los aspectos, ya fueran físicos, sociales, económicos o espirituales.
Jesús sanó a los enfermos (Lc. 4:40). Por ejemplo, en cierta ocasión tocó con su misma mano a un leproso para sanarlo. ¿Has experimentado esa sensación de que alguien te abrace con tanto amor cuando todos los demás te repudian? El leproso sintió lo mismo. De acuerdo con la ley de Moisés él era inmundo y todos se debían alejar de él (Lv. 13:44-46). Cristo no se aleja. Al contrario, se acerca, pone su mano sobre nosotros, luego nos sana y nos dice: Te amo.
El Señor también se preocupó por los pobres. Durante su ministerio alimentó a multitudes (Lc. 9:10-17). El mensaje de Jesús fue claro: Me preocupo por ti cuando tienes hambre. Él es capaz de hacer que haya comida en nuestra mesa. Si alimenta a las aves del cielo, también a nosotros nos alimentará (Lc. 12:22-24).
En la actualidad podemos ver cómo pueblos enteros han sido desplazados de sus lugares de origen debido a la violencia o guerras. Migrantes viajando de un lugar a otro para encontrar mejores condiciones para vivir dignamente. Es triste y desesperante ver cómo familias enteras tienen que migrar a otro país, caminando kilómetros solo para ofrecerle una mejor vida a sus hijos. Jesús puede comprender este sufrimiento porque él mismo experimentó el no tener un hogar propio (Lc. 9:58).
A veces sufrimos debido a nuestras malas decisiones que hemos tomado en nuestras vidas. Nuestra conciencia no nos deja en paz porque hemos hecho algo malo, hemos pecado. Por supuesto que Jesús también atiende las necesidades espirituales de las personas.
Los enemigos de Jesús murmuraban en contra de él porque perdonaba pecados (Lc. 5:17-26; 7:36-50). No solo estamos hechos de materia, también estamos constituidos de sentimientos y deseos. Jesucristo tiene el poder para restaurarnos y perdonarnos. Él conoce perfectamente nuestros corazones, por lo tanto, nos puede sanar emocionalmente hablando.
Jesús te puede perdonar porque él gobierna y tiene todo el poder para hacerlo. El hecho de que Jesús sanara lo externo (el cuerpo) y también lo interno (el corazón) implicaba que esas cosas serían normales cuando Dios reinara (Wright 2014, 128). Así que, ¡Dios reina hoy!
El evangelio de Lucas nos relata cómo es que Jesús se compadeció de una viuda cuyo único hijo había muerto. El Señor tocó el inmundo féretro y resucitó al hijo de la viuda (Lc. 7:11-17) y lo entregó a su madre. ¡Qué gran gozo debió de haber experimentado dicha mujer! Él también se compadece de aquellos que han sufrido la pérdida de un ser querido.
Hace algunos años conocí a una familia cristiana que tenía un negocio próspero. Lamentablemente, un joven de dicha familia fue secuestrado. La familia les pagó a los secuestradores el dinero que ellos les exigían por la liberación del muchacho. Pero pasaban los días y los secuestradores no devolvían al joven.
En una de las llamadas telefónicas que tuvo la madre del joven con los secuestradores, ella les rogaba llorando que le devolvieran a su amado hijo. Ella les suplicaba que recordaran que hay un Dios. Los secuestradores solo se burlaban diciendo que Dios no existía. Al paso de los días, encontraron al joven decapitado. Tenía unos diecisiete años. Yo mismo estuve presente en el funeral, y pude ser testigo de cuán devastada estaba la familia.
Sé que en historias como esta es difícil aceptar que Jesús comprende y se preocupa por los que sufren. Te invito a que sigas leyendo y conozcas cómo es que Jesús triunfa al lado de los que lloran (Lc. 6:21).
Autor: Freddy Pérez, Teólogo misionero
Referencias bibliográficas:
N.T. Wright 2014. Sencillamente Jesús. Una nueva visión de quién era, qué hizo y por qué es importante. UE: Editorial y Distribuidora, S.A.
Reina Valera Contemporánea 1960. 2012. Brasil: Sociedades Bíblicas Unidas.
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