
¿Recuerdas la historia de la madre cristiana a quien los secuestradores decapitaron a su hijo? Pues bien, ella sigue firme en su fe en Jesús porque cree plenamente que Él tiene el poder para resucitar a los muertos. Ella morirá con la certeza de que su hijo vive y que algún día estarán juntos por la eternidad siendo pastoreados por Cristo en su Reino eterno.
Lo primero que hay que reconocer si queremos superar nuestros sufrimientos o debilidades es, que solos no lo lograremos. ¿De dónde sacó fuerzas esta valiente mujer para soportar la despiadada muerte de su hijo? Otra persona se hubiera derrumbado totalmente. Todos necesitamos ayuda para vencer en nuestros días más oscuros.
Jesús prometió que estaría presente con los que sufren a través del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo es ese poder de Dios que te puede dar sabiduría y fuerza para triunfar en medio de tantos sufrimientos y debilidades. Él es un compañero que camina al lado nuestro para fortalecernos cuando más lo necesitamos. También es ese poder invisible de Dios que actúa en este mundo de una manera providencial para sanar a los quebrantados de corazón.
¿Cómo puedes obtener la ayuda del Espíritu Santo? Necesitas clamarle a Dios con un corazón humilde y decirle que ya no puedes más, y que necesitas de Su ayuda (Lc. 11:13). El Espíritu Santo es la misma sabiduría de Dios para ayudarte a tomar las mejores decisiones en tu vida (Ro. 8:26-27).
Sin duda alguna, el Espíritu de Dios actúa en este mundo de una manera maravillosa. Solo él puede cambiar nuestro odio en perdón, la tristeza en gozo, el temor en seguridad y la desobediencia en obediencia. Únicamente el poder el Espíritu Santo puede transformar nuestras vidas. ¿Lo dejarás obrar en tu corazón hoy? ¿Permitirás que Dios sane tus dolencias, o deseas seguir sufriendo en solitario? Permítele al Espíritu actuar y verás el gran poder que Cristo tiene para calmar la tormenta que hay en tu corazón (Lc. 8:22-25).
No te prometo que escucharás una voz que desde el cielo te diga directamente lo que tienes que hacer. Pero, de algo sí estoy seguro, el Espíritu Santo es capaz de darte las fuerzas que necesitas para seguir adelante en medio de este mundo lleno de tanto dolor.
Nuestro Señor Jesús hizo lo mismo. A pesar de que Él era el Hijo de Dios, también necesitó fortalecerse en el Espíritu para cumplir la obra de Su Padre y resistir las tentaciones del diablo (Lc. 4:1-14). Recuerda que Jesús sufrió lo que tú y yo sufrimos. Él entendía la importancia de estar en comunión con el Espíritu de Dios para no ser vencido por las pruebas a las cuales se enfrentaría.
Si no has clamado por la ayuda del Espíritu Santo, te invito a que lo intentes. Haz la prueba. Verás que el Señor es muy bueno y compasivo. Los que lo hemos hecho, hemos visto el gran poder de Dios en nuestras vidas. Ya sea de una manera providencial e incluso milagrosa.
¿Deseas conocer al Espíritu Santo? Búscalo, será de gran bendición en tu vida. Entre más íntimo sea nuestra relación con él, más nos sorprenderemos de Su poder y gracia. Seremos testigos de la manifestación del poder del Espíritu Santo en nuestras vidas en la medida que lo deseemos.
Autor: Freddy Pérez, Teólogo misionero
Referencias bibliográficas:
Reina Valera Contemporánea 1960. 2012. Brasil: Sociedades Bíblicas Unidas.
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