
Cuando encuentras a Cristo no lo encuentras solo. Él te recibe con los brazos abiertos y, debajo de esos brazos de amor hay una comunidad sufriente.
Dicha comunidad está compuesta por simples hombres y mujeres que, al igual que tú y yo han comprendido que solo en Jesús podemos ser sanados de nuestros dolores. No son mejores ni peores que alguien, simplemente son humanos que se sobreponen a sus temores, dudas y dolores con la fortaleza que solo el Espíritu Santo puede otorgar.
Es el pueblo de Dios que está reinando juntamente con Cristo en la tierra. Jesús mismo lo considera como su propio Cuerpo y lo protege (Hch. 9:1-4). También se le conoce como la iglesia del Señor, ya que murió por ella y la pastorea (Hch. 20:28). A los miembros de esta comunidad se les conoce como cristianos porque siguen las pisadas de Cristo (Hch. 11:26).
“No se supone que la iglesia sea una sociedad de gente perfecta que lo hace todo muy bien.” (Wright 2014, 262). Solo son pecadores perdonados que desean servirle a Cristo gracias a lo que Él ha hecho en sus vidas. También son gente como tú y yo. No obstante, Jesús obra poderosamente a través de esta comunidad, ya que en ella mora el Espíritu Santo (1 Co. 3:16-17). El libro de los Hechos, también escrito por Lucas, nos narra cómo es que esta comunidad vivía cada día las enseñanzas de Su Maestro.
Comían juntos con alegría y sencillez de corazón y tenían las cosas en común para que no hubiera entre ellos ningún necesitado (Hch. 2:44-47). Los enfermos y endemoniados eran sanados (Hch. 5:12-16). Las viudas eran atendidas (Hch. 6:1-7). Sus oraciones eran tan poderosas que podían liberar a los injustamente encarcelados (Hch. 12:5-8). En fin, sus vidas eran transformadas porque el Espíritu Santo sigue obrando poderosamente en dicha comunidad.
Cristo mismo acompaña a este cuerpo de sufrientes en su labor de sanación para todo aquel que desee recibir Su gracia sanadora y restauradora. La iglesia de Cristo se convierte así en un refugio para los que sufren. En ella encontramos la familia que perdimos. Ganamos hermanos y hermanas que comparten nuestro dolor, nos comprenden y nos acompañarán en cada paso de nuestra transformación espiritual. Ahí las cargas se llevan juntos y serán más ligeras, tal y como Cristo lo ha enseñado.
Como te habrás dado cuenta, en esta comunidad de sufrientes nos volvemos amigos y hermanos, ya que nos une lo mismo: el deseo de que nuestro corazón sea sanado por Jesús. Esta comunidad de fe es también una herramienta de Dios para superar las pruebas y dolores que por tanto tiempo nos han agotado. Cristo mismo ha puesto ahí a personas sabias y espirituales que pueden guiar a todos aquellos que necesitan ayuda.
Si tú estás leyendo esto y necesitas ayuda para superar cualquier problema, busca una comunidad de fe en donde el Espíritu Santo obre poderosamente en ti. Date la oportunidad de convivir con personas que han sufrido al igual que tú. Te mostrarán las cicatrices de sus heridas sanadas por Cristo. Recuerda, no son diferentes a ti. Es solo que han reconocido que necesitan apoyo espiritual para vencer cualquier obstáculo.
Si el Espíritu Santo te ha impulsado a buscar ayuda, mándame un mensaje a través de este Blog y con gusto te puedo orientar con tus dudas. Estaré orando por ti y espero con gusto tu mensaje. Será un gran placer escucharte y compartir contigo todo lo que Cristo puede hacer a través de ti.
Deseo sinceramente que la gracia de Cristo y la protección del Espíritu Santo guíen cada paso que des de ahora en adelante. Amén.
Autor: Freddy Pérez, Teólogo misionero
Referencias bibliográficas:
N.T. Wright 2014. Sencillamente Jesús. Una nueva visión de quién era, qué hizo y por qué es importante. UE: Editorial y Distribuidora, S.A.
Reina Valera Contemporánea 1960. 2012. Brasil: Sociedades Bíblicas Unidas.
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